jueves 18 de marzo de 2010

Acciones colectivas y El Castillo de Kafka


"Para que avance este asunto desde el ciberespacio, escribamos correos al Presidente de esta Comisión, la de Puntos Constitucionales: Juventino Castro y Castro, cuya dirección es cambiodecultura@yahoo.com, o hablemos a su oficina: 5628-1300, #3245 o 5036-0000, #56138"

Escrito por Daniel Gershenson el 3/18/10 • En La Lonchería

Soy integrante activo de una red de organizaciones ciudadanas que promueve la adopción de mecanismos de acceso a la justicia para grupos vulnerables en temas como el consumo, el medio ambiente, la salud, y los derechos humanos.

Llevamos trabajando tres años con legisladores de todos los partidos, a nivel local y federal, a fin de que México cuente ya con una herramienta jurídica de uso cotidiano en América Latina, Estados Unidos, Europa, Australia, Asia e incluso algunos países del Continente Africano: las acciones colectivas (o class actions, como se les conoce en países angloparlantes).

Todo esto viene a cuento, porque una enmienda constitucional elaborada por la Sociedad Civil, que hoy día se encuentra en la antesala de la Cámara de Diputados (y que fue previamente aprobada por el Senado de manera unánime, el año pasado) se encuentra en el limbo legislativo debido a que no parece existir gran interés por parte de la clase política, para que ésta prospere.

Para alguien familiarizado con el buen uso de esta palanca de cambio y origen de modificaciones saludables en el comportamiento de autoridades y empresas, lo que voy a describir podrá sonar extraño e incongruente, pero es el pan nuestro de cada día en un país en el que los cambios -cuando se dan- son tardíos, rascuaches y desesperantemente lentos.

Una de las socias fundadoras de Alconsumidor, la AC en que estamos tratando de implementar reformas duraderas al sistema de justicia, se comunicó conmigo apenas anteanoche para informar que la fracción mayoritaria príista no estaba dispuesta a llevar a término este proyecto (que ha ocupado nuestras energías desde el año 2006).

El mensajero legislativo (un diputado en funciones, con gran peso específico e influencia dentro de su partido), fue parco al decir que el texto de la reforma estaba muy mal redactado, y que la propuesta tenía que ser regresada a la Cámara de origen: el Senado, si no se actuaba pronto. A estas alturas del proceso, esto equivaldría a sellar su suerte. Había que controlar los daños, y tratar de revertir una situación muy adversa. La negativa del PRI a aprobar esta Iniciativa, condenaba nuestros esfuerzos a la irrelevancia perpetua.

Después de múltiples y atropelladas consultas telefónicas con expertos en la materia, grandes articuladores de alianzas con otros actores sociales y políticos, se llegó a la conclusión de que esta nueva exigencia (después de casi tres años de arduo trabajo), no resistía el menor análisis. Las ambiguedades previstas podían resolverse en la redacción de una Ley secundaria que ya tenemos, y que tendrá que ser aprobada posteriormente por la misma legislatura.

Por consiguiente, estábamos frente a una simple cortina de humo que había que tratar de despejar, de lo contrario todo la labor de cabildeo iba a venirse abajo, condenándonos a permanecer en calidad de súbditos anclados en el siglo diecinueve unas cuantas décadas más.

Por eso emprendí la aventura de tratar de convencer a los escépticos de nuestras intenciones, en las entrañas mismas del monstruo de San Lázaro. Edificio poco acogedor que constituye la culminación enloquecida de un sistema en donde el presidencialismo omnímodo se manifestaba en todo su sórdido esplendor, junto con sus peores engendros.

Mi periplo legislativo me llevó a los más recónditos de la Cámara. Ignoro qué tan exitoso pudo ser el resultado, pero sí puedo asegurar que fatigué los vericuetos de un poder que no responde a las exigencias ciudadanas, ni por asomo, y que se pasea demasiado tiempo frente al espejo de su propia importancia.

El caso es que sobreviví para contarlo con más plena que gloria, y sólo espero que los legisladores (todos hmbres, ninguna mujer) que integran la Mesa Directiva en esa Comisión calificadora, sepan actuar con responsabilidad.

Recorrí escalinatas eternas y corredores interminables. Hablé con encumbrados tribunos y jóvenes ilustres. Todos pontifican todos y todas tienen algo qué decir por México (a veces, con voces demasiado engoladas y gestos de libro de texto: estatuas vivientes en algún futuro monumento de la Patria Agradecida).

A los miembros de la Comisión que tiene el dictamen y debe votarlo para su eventual aprobación en el pleno, les reiteré la imperiosa necesidad de que México contara ya con instrumentos legales que existen y funcionan en Nigeria, Costa de Marfil, El Salvador, la India y todo el Continente Americano.

Supongo que lejos de convencer con razones sólidas a los principales responsables de que prospere o naufrague esta Iniciativa, pudieron haber calado los que aludían a la inviabilidad electoral de oponerse a una medida que sirve en todo el mundo para equilibrar relaciones asimétricas que, en México, está completamente sesgada a favor del peor resabio autoritario y la afectación sistemática en contra de decenas de millones de personas.

Obtuve el reconocimiento de que se tomarían en cuenta mis palabras, aunque a veces pienso que la gran dilación mostrada hacia una minuta que entró a la Cámara baja desde la segunda semana de diciembre pasado, no le augura un destino promisorio.

Y sin embargo y a pesar de todo, quiero pensar que la guerra de desgaste se va a ganar, aunque sea a unos segundos de que termine el actual periodo de sesiones, el 30 de abril, Día del Niño 2010.

Por lo pronto, y después de haberle dedicado casi siete horas al tema, recomiendo que para que avance este asunto desde el ciberespacio, escribamos correos al Presidente de esta Comisión, la de Puntos Constitucionales: Juventino Castro y Castro, cuya dirección es cambiodecultura@yahoo.com, o hablemos a su oficina: 5628-1300, #3245 o 5036-0000, #56138, para compartirle a su equipo de viva voz nuestras inquietudes y la obligació de legislar a favor de la sociedad en un asunto en donde México lleva por lo menos cincuenta años de retraso.

Finalmente y para l@s interesad@s en el desenlace de esta historia que parece no tener fin, ofrezco nuestra página: www.alconsumidor.org, o bien la cuenta en Twitter @alconsumidor, que intenta relatar los pormenores de una lucha en donde tendrá que prevalecer el bien común, y el interés público. Bienes escasos que tenemos la obligación, todos, de defender.

Gracias por la oportunidad, y muchos saludos.

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